INTERVENCIÓN CLÍNICA

Cómo Intervenimos

  

Ante antecedentes psicológicos o la presencia de trastornos mentales se requiere una intervención clínica marcada por la evaluación y el tratamiento orientado a dicha psicopatología. Como intervención psicológica se entiende que se trata de un proceso en el que el psicólogo evalúa, trata o entrena, y cuantifica los resultados del tratamiento o entrenamiento, en aquellas problemáticas relativas al comportamiento humano. Además tiene en cuenta el seguimiento de los resultados alcanzados, valorando su continuidad temporal, la validez social y la generalización a otros contextos naturales más allá de la consulta psicológica. 

Independientemente de las corrientes de pensamiento psicológico (psicoanalistas, humanistas, cognitivas-conductuales, contextuales y de tercera generación),  por las que se rijan las terapias que aborden la amplia clasificación de los trastornos mentales; sus principios, técnicas y tratamientos deben garantizar el rigor científico y la ética profesional en su aplicación y en la obtención de resultados óptimos. 

La estructura de la intervención consta de cuatro pasos: anamnesis/entrevista clínica, evaluación, plan de intervención, valoración y seguimiento. En la anamnesis establecemos la toma de contacto y recogida de información sobre motivo de consulta, historia personal y datos clínicos relevantes. Una vez organizamos dicha información establecemos nuestra hipótesis de diagnóstico y nos orientamos a la evaluación de la misma, utilizando test estandarizados, validados y lo más adaptados posible a nuestra población y marco cultural. Tras la corrección de los mismos procedemos a la integración de resultados junto a la entrevista clínica y posterior devolución de información sobre la exploración psicológica a la persona evaluada. Teniendo especial atención y cautela en la asignación de etiquetas diagnósticas, que puedan estigmatizar o eclipsar los recursos y capacidades de afrontamiento de la persona, también evaluados en la exploración psicológica . 

Una vez tenemos el diagnóstico pasamos a la elección del tratamiento o técnica terapéutica más adecuada, y al diseño del plan de intervención estructurado en sesiones de tiempo y duración, teniendo en cuenta la flexibilidad ante posibles modificaciones o adaptaciones de dicho plan en función de la evolución personal del caso a tratar. Una vez se desarrolle el tratamiento psicológico se efectuará una nueva evaluación sobre los resultados alcanzados y se contrastarán con los objetivos esperados. Si el tratamiento ha tenido éxito se acordará un seguimiento psicoterapéutico con la finalidad de valorar el mantenimiento y continuidad temporal de los objetivos alcanzados, así como la efectividad y generalización a otros ámbitos de la vida más allá del escenario terapéutico, y la prevención de recaídas. 

En el supuesto caso de fracaso del tratamiento psicológico, se revisará paso a paso el proceso hasta detectar posibles errores en su aplicación y se reformulará la intervención, concretando conductas problemas, objetivos terapéuticos, adhesión y cumplimiento terapéutico, valoración de otras técnicas de intervención, limitación de la psicología para el tratamiento de ciertos trastornos, cronicidad e historia de recaídas del trastorno a tratar, y la presencia de ciertos rasgos de personalidad o carácter del paciente que interfieran la terapia (dependencia terapéutica, falta de voluntad, impaciencia, rigidez, exigencia, impulsividad, susceptibilidad, suspicacia,…)

 

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